Allá por los Madriles, cerca del metro Quevedo y aún más cerca de la parada de la línea 61 hay una calle que se llama Magallanes.
Allá por la calle Magallanes, existe un portal con escalones y flanqueado por sendos maceteros que exhibe en lo alto un cartel setentero blanquinegro que reza: MAGALLANES 5.
Enfrente de dicho portal hay un quiosco de prensa abandonado, dónde se acumula la mugre y la roña de seis años consecutivos.
Pegado a la izquierda de dicho quiosco de prensa, hay un contenedor metálico azul para ropa usada, que ha sido "multidecorado" por los grafitteros.
Encima del contenedor metálico azul para ropa usada, hay un libro nepomukiano, envuelto en plástico negro y precintado con cinta de embalar.
Lleva dibujos e inscripciones de lo que era mi vida en el 200...2, creo.
Pero... incluso a pesar de tener tanto Nepomuk por todas partes, es un buen libro.
Les había dicho que cocinaría algo. Parecían muy contentos, supongo que porque daban por hecho que si era siciliano tenía que dominar la mozzarella como nadie. Yo, que lo máximo que logré dominar en el mundo de la cocina italiana fue el abrefácil de los tallarines Gallo, opté por curarme en salud aludiendo que aquello iba a ser "cocina experimental". Ese truco fue infalible para que todo el mundo se comiera sin rechistar mi pollo a la pepsicola. Sucedió que después no me apañé ni un poquito con las setas, la nata líquida y la cebolla. Y cuando el amasijo incomible llegó a tocarme los tubérculos, opté por bajar al super y comprar tres envases de "salsa de setas Rana", calentarlas en el microondas y soltarlas por encima de los linguini que aguardaban, pacientes y acartonados, en el escurridor. Resultó delicioso. Mientras surgieron los "oh-que-rico", los "maravilloso-ariel" y los "qué-cosa-tan-buena" yo me limité a asentir con expresión de Buda sobrado (cuánto mola el éxito, aunque no sea tuyo...). Después, cuando empezaron los "y-esto-qué-lleva" y los "tiene-un-fondo-picante" me empecé a acojonar. Y para cuando me cayó a bocajarro el "dame-la-receta" tardé cerca de cuatro segundos en regalar mi alma al diablo y confesar hasta las pestañas. -Vale, os lo digo ya. Yo he cocido los linguini, pero la salsa es de Rana.-
Y aunque esperé escondido en mi copa de vino a que llovieran los "buah", los "bueh" y los "así-cualquiera", lo cierto es que apenas pude escuchar nada que no fuera "cagonLAHOSTIAputa joderQUEASco". Eso sí... amortiguado entre quejidos guturales, el ptuaf de los escupidos y el gliglugliglu de un tragar de agua agónico y compulsivo.
Una vez hube dejado de expulsar lambrusco por la nariz, caí en la cuenta de hasta dónde exactamente puede estar alguien abierto a la cocina experimental.
Tengo que leer un libro. Finalmente terminé Las Uvas de la Ira, aunque hubiera quien pensara que iba a ser imposible (por ejemplo, yo), así que necesito un nuevo libro con el que entretener el presueño y los trayectos en metro. Pero a salvo de dramas costumbristas, decido inclinarme esta vez por algún libro "con misterio" que me tenga más entretenido que acongojado. Y elijo echar un vistazo a las recomendaciones literarias que nos hace la revista Año Cero.
Estupendo... hay un montón. Veamos... - La verdad sobre el Código Da Vinci (coño...) - Más allá de el código Da Vinci (ups...) - Más allá de el código Da Vinci II (vaya...) - El último secreto Da Vinci (ehm...) - Las claves del código Da Vinci (pues...) - Las claves ocultas del código Da Vinci (ah... estas están ocultas...) - Los misterios de el código Da Vinci: lo que la película no te contará (no, si yo no...) - Verdades y mentiras de el código Da Vinci (bueno...) - Toda la verdad sobre el código Da Vinci (¿otra?) - 666 Preguntas y respuestas sobre el código Da Vinci (¿¿¿cuántas???) - Una respuesta definitiva a el Código Da Vinci (mira... sobraban 665...) - El código Da vinci: la película (no, si con el libro ya...) - Da Vinci descodificado (ah bueno, por fín...) - Diccionario de el código Da Vinci (pues no... aún sigue) - El engaño Da Vinci (sí...porque de descodificado nada ¿no?) - Los secretos de la continuación del Código Da Vinci (¿es coña?) - El código Da Vinci: la investigación (no, hombre, déjenlo así, si me da igual...) - El código Da Vinci al descubierto (coño... ¡y todo eso escondido!) - La conspiración Da Vinci (sí... más bien, sí...) - El juego de el Código Da Vinci (snifs...) - El tarot del enigma Da Vinci (socorro...) - ¿Verdad o ficción? los especialistas del código Da Vinci (auxilio...) - El legado Da Vinci (¿hay alguien ahí?) - La respuesta definitiva a el código Da Vinci (¿nadie? snifs...) - Decodificando a Da Vinci (mami... snifs... quiero a mi mamá...) ....
Veamos... su gato tiene un mes. Es una bolita de pelo juguetona. Le lanza de la cama y revoltea travieso. Le tumba panza arriba y le mordisquea la mano. Le enseña un espejo y juega consigo mismo. Le lanza una pelotita y la persigue.
Mi gato tiene quince años. Es una bola de sebo catatónica. Le lanzo de la cama y hace blonf contra el parquet. Le tumbo panza arriba y se hernia un huevo. Le enseño un espejo y se espanzurra. Le lanzo una pelotita y me mira "va-a-ir-tu-padre".
¿La diferencia entre su gatito y el mío? Generacional. Puramente generacional. Alea jacta est. Resulta que cualquier tiempo pasado fue mejor porque los años no sólo nos añaden ojeras y hemoal, sino que encima pueden precipitarnos hacia la apatía más absoluta sin que nos demos ni cuenta. Porque si al menos sonara alguna alarma... se nos encendiera algún led indicativo... tuviéramos alguna fecha de caducidad tatuada en las orejas... pero no. Un día estás sacando pecho en bañador mientras saludas a tu vecino/a jamón/a en la piscina, y al siguiente te encuentras soltándole un msñosdías mientras te subes los calcetines de ejecutivo que, has descubierto, resultan comodísimos con las chancletas y el meyba.
No importa... no he llegado ni a los 20. A partir de ahora pondré todo mi empeño en la involución generacional de mi marmota peluda. Conseguiré que vuelva a ser el cachorrito peleón que se revolcaba conmigo cuando le encontré. Lucharé porque recobre el vigor, las energías... le haré comprender que la vida es algo más que despanzurrarse en un sofá balanceando el rabo con abulia.
Pues lleva ya a sus espaldas cerca de ocho intentos de relación fracasados en los dos años que ha pasado cibernavegando. Ocho hermosos especímenes masculinos hallados todos en la maravillosa y productiva "ensalada internet". Cada uno entrando como "el amor de su vida oh-ah" y saliendo, con mayor o menor drama tras de sí.
Y Mientras llora, gime, berrea y moquea, dice con ojos desesperados: "La culpa es de internet. Es tan sencillo encontrar a alguien... somos tantos... estamos tan solos... ¡qué gran error, Ariel! ¡no te enamores JAMÁS de alguien a quien no conozcas en persona!"
Y yo voy a decirle que en realidad, internet debería ir de muerte para encontrar pareja, considerando que en amores el conocimiento debe ser de dentro hacia fuera, al contrario que en rollito canalla, que ha de ser de fuera hacia dentro. Pero ella sorbe mocos y dice: -¿Qué hora es? es que he quedado a las seis en el canal "machosyputillas" del irc con un ingeniero de 38 que es supersimpático y...-
Pues nada. Que ya se lo explicaré con el noveno. Que llegará, seguro, porque al fin y al cabo es tan sencillo encontrar a alguien... somos tantos... estamos tan solos... somos tan machosyputillas...
Existen varios modos distintos de enfrentarse a una crisis. Los hay que lloran, gritan, duermen, se empastillan, reprochan, rompen, callan, disimulan, vacían neveras, destrozan fotos, toman decisiones, se cortan el pelo, se tiran por la ventana, se automutilan, compran compulsivamente, vomitan, berrean, levitan, se pasman...
Yo dejo de comer. Tú caminas.
Cuando han pasado 29 horas desde el disgusto y descubro que puedo palparme una costilla más, a ti te han visto ya pasar a toda velocidad cruzando el Paseo del Prado con paso sincopado de conejito Duracell. Entonces es cuando te llamo al móvil y digo eso de: "Oye, puedes parar ya, que ya te quiero." Y tú, con respiración agitada responderás: "Vale. Y yo a ti, así que llama al chino y ve pidiendo menú para seis, que en diez minutos estoy en casa."
Y dejaremos la dulce reconciliación para dentro de un par de días, cuando yo ya no parezca un cochinillo en matanza y tú puedas volver a mover los tobillos sin gemir.
Dicen en televisión que en este siglo o el siguiente, el volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma, entrará en erupción, y hará que se desprenda y caiga al mar la mitad oeste de la isla, que hará splasflush en el océano, creando un megatsunami de 500 m. de altura, que circulará a 700 km. por hora, y que en cuestión de siete horas, habrá llegado a la costa este de los Estados Unidos, arrasando Nueva York, Florida, Toronto, Washington, amén de otros tantos estados más.
Y eso es lo que he estado haciendo toda la tarde de mi último día laboralmente libre. Ver un documental catastrofista de la BBC e inflarme a tarta de manzana con la esperanza de que esta noche me reviente de nuevo el hígado y mañana pueda tomarme otra bajita de cuatro o cinco días. Creo que serán más que suficientes para buscar en el trastero la colchoneta inflable de Pato Donald que nos compramos hace dos veranos en Calafell, preparar un par de mochilas con comida no perecedera y unas cuantas revistas de crucigramas (que un siglo da mucho de sí), e ir a la estación de la Sepulvedana a sacar dos billetes de autocar con destino a Cotos.
¡Lo sabía!, ¡sabía que yo terminaría haciendo las américas!
Primero vino la gastroenteritis. Una juerga. Luego me deshidraté. Toma marcha. Después me ingresaron. Viva la pepa. La vía de la vena me formó una flebitis. Yupi. Me dieron un camisoncito con el velcro gastado y enseñé las nalgas por el hospital. Olé. Me luxé un tendón del pie al ir a echar un pis por mi cuenta. Arsa. Mi compañero se cargó el mecanismo de la cama y tuve que dormir en "posición de lanzamiento". Wonderful.
Y cuando ya no podía salirme nada peor, me llamó mi vecina monja para decirme que me había jugado 20 euros en la tómbola benéfica y había conseguido "fabulosos premios". Esto es:
1 Reloj paellera. 2 Camisetas "No a la piratería" 1 Gorrito de la cadena Cope 1 Abanico de plástico con florecitas. 1 Reloj-termómetro con delfines y purpurina que se ponen rosas cuando llueve.
Y es que ya lo decía Julie Andrews: cuando el señor cierra una puerta, en algún lugar te endosa un reloj-paellera. Y claro... la vida vuelve a tener sentido.
No lo cuento como el que escala el everest, ojo... prometo que sobar teta no era una de las constantes de mi vida, una vez superada la fase oral freudiana de los primeros churrups pezonero-maternales. Es más, yo me hubiera conformado muy mucho simplemente con seguir mirando toda aquella masa embutida en el escote, con ojos perdidos de niño a quien se le aparece la Vírgen de Fátima. Pero resulta que disponer de una sexualidad ambigua, hace que las mujeres te tengan una confianza un poco absurda, hasta el punto que están más que dispuestas a plantificarte una teta en la narices (literalmente) diciendo "toca, toca, mira qué reales son..." Y tocas, claro. Tocas. Con el dedito índice tieso, tragando salivilla para que no se te escurra por las comisuras y carita de perfecto imbécil chincha-que-voy-a-tocar-teta. Y dices "uy sí, fíjate..." mientras aquello hace blub-blub y se desplaza hacia un lado bajo el empuje de tu dedo, como una especie de tsunami de gelatina ondulante y grimoso.
Entonces ella dice "Pues ¿sabes lo mejor? que con un simple mantenimiento básico, nunca se descuelgan. Las tendré siempre perfectas ¿qué te parece?". Y yo respondo "ah...qué genial, sí", mientras me aterrorizo pensando en los años venideros, cuando las generaciones de treintañeras de ahora se hayan convertido en las ochentañeras de mañana. Justo cuando nuestras calles y ciudades estén sembradas de apacibles abuelitas encorvadas y arrugadas, con voluptuosos pechugones de putón verbenero.