Oh baby, you move me!
| Veamos... su gato tiene un mes. Es una bolita de pelo juguetona. Le lanza de la cama y revoltea travieso. Le tumba panza arriba y le mordisquea la mano. Le enseña un espejo y juega consigo mismo. Le lanza una pelotita y la persigue. Mi gato tiene quince años. Es una bola de sebo catatónica. Le lanzo de la cama y hace blonf contra el parquet. Le tumbo panza arriba y se hernia un huevo. Le enseño un espejo y se espanzurra. Le lanzo una pelotita y me mira "va-a-ir-tu-padre". ¿La diferencia entre su gatito y el mío? Generacional. Puramente generacional. Alea jacta est. Resulta que cualquier tiempo pasado fue mejor porque los años no sólo nos añaden ojeras y hemoal, sino que encima pueden precipitarnos hacia la apatía más absoluta sin que nos demos ni cuenta. Porque si al menos sonara alguna alarma... se nos encendiera algún led indicativo... tuviéramos alguna fecha de caducidad tatuada en las orejas... pero no. Un día estás sacando pecho en bañador mientras saludas a tu vecino/a jamón/a en la piscina, y al siguiente te encuentras soltándole un msñosdías mientras te subes los calcetines de ejecutivo que, has descubierto, resultan comodísimos con las chancletas y el meyba. No importa... no he llegado ni a los 20. A partir de ahora pondré todo mi empeño en la involución generacional de mi marmota peluda. Conseguiré que vuelva a ser el cachorrito peleón que se revolcaba conmigo cuando le encontré. Lucharé porque recobre el vigor, las energías... le haré comprender que la vida es algo más que despanzurrarse en un sofá balanceando el rabo con abulia. Y por supuesto... también me ocuparé de mi gato. |








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