Tengo una debilidad
| Yo tenía que cortarme el pelo para poder recuperar la autonomía de los ojos. Por eso he dicho -Vengo a cortarme el pelo. Sólo cortarme el pelo. Tengo pelo y quiero que me lo corten. Sólo eso.- Pero claro... para "sólo eso" tenía que haber ido a una de esas peluquerías donde dos octogenarios te esperan con una navaja barbera debajo de un anuncio de Floid. Peluquerías con solera donde no existe lo de "¿te pongo un frisbarabús para limpiar bien los poros?", ni tu cara de imbécil al descubrir que la cabeza tiene poros. Y eso que al fin y al cabo, lo del frisbarabús lo he toreado bien con mi "ya me he puesto los cuatro de hoy" pero lo de darme un masaje capilar... a mí, A MÍ, que tengo mis 56 zonas erógenas concentradas en el cuero cabelludo... ¿Cómo demonios iba a torear eso? ¿levantándome con el jabón por las orejas al grito de ¡APARTA LAS MANOS BELCEBÚ!? Pues más bien no. Y todavía podía haberme acogido a la quinta enmienda "en previsión de escándalos públicos, no irás nunca a la peluquería con pantalón de chándal" pero obviamente, para el que se termina de vestir en el ascensor, difícilmente existe la quinta enmienda. Así que nada. Otra peluquería a la que no puedo volver y otras cuatro personas que tendrán hoy algo mejor que fútbol, para contar en el trabajo. Tomen nota. Además de los orgamos múltiples, la mala hostia y la ausencia de testosterona, existe otra nueva razón para creer firmemente que las mujeres terminarán dominando el mundo: a ellas hay que preguntarles para saberlo. Malditas... |








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