El pañuelo de Rachida
| Bueno, pues al final, con arrojo y decisión, le dijo a Rachida que mientras estuviera en su casa, hiciera el favor de quitarse el pañuelo de la cabeza. Que ahora estaba en un país donde esas costumbres no eran comprensibles, ni tolerables, porque aquí las mujeres hacía mucho tiempo que podían salir solas a la calle, votar, elegir marido y ponerse el pelo verde si era menester. Y Rachida lloró y dijo "...pero en mi país..." y ella se enfureció y le gritó que ya no estaba en su país. Que ahora estaba en el nuestro, y que como tal, tenía que adaptarse a su cultura y sus costumbres, igual que había tenido que adaptarse a su legislación. Luego me llevó en volandas a su despacho, rabiosa como una leona y soltando todo un discurso sobre la liberación de la mujer española en los últimos veinte años. Y mientras lo hacía, yo no podía dejar de mirar una fotografía que había enmarcada en la pared, donde aparecía ella vestida de Indiana Jones, muy sonriente, sujetando un bebé africano en brazos, rodeada de los que parecían ser otros miembros de algún tipo de tribu. Al verme con la vista perdida en la fotografía, dijo -Impresionante ¿eh? es una tribu de Kunene, en Namibia. Mi novio y yo estuvimos allí seis meses trabajando con los nativos. Una experiencia increíble...- Entonces le pregunté si había sido complicado eso de ir medio desnuda, con un trapo de colorines en la cadera como toda vestimenta, y ella soltó una carcajada y dijo -¡Joder, niño! yo iba vestida normal, si hay que enseñar las tetas, que lo hagan las nativas, que no les importa ¡Pues sólo faltaba! ¿dónde tienes la cabeza?- Claro, eso digo yo. ¿Dónde tendré la cabeza? |








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