¡A la felicidad por la electrónica!
| Yo tenía un teléfono móvil de primerísima generación. Era del tamaño de la Guayana Francesa, sonaba trrrot-trrrot y el culmen de la multimedia para él era dibujar un sobrecito cada vez que recibía un mensaje. Y lo cierto es que le tenía cariño, porque después de cuatro años de convivencia, caídas al suelo y zambullidas mochileras con botellas de fontvella mal cerradas, el pleistomóvil y yo éramos como hermanos. Eso sí, todos mis conocidos cuando me veían sacarlo y marcar tud-tud-tud abrían mucho los ojos y decían: "Pero...¿qué haces con esa mierda pordiosss?¡¡si ahora tienes uno nuevo con tecnología hitech-flichflach con bluchú y güinguas por cuatro euros!!" y entonces yo bajaba la antenita de mi pleistomóvil ¡zups! y decía "Hombre, es que a mí lo del flichflach tampoco creas que...", a lo que ellos, quitándome el teléfono de las manos con ojos desorbitados, contestaban: "Pero a ver...¿qué puedes hacer con este trasto?" y yo ponía cara de besugo y respondía: "Pues... ehm... ¿llamar?" Hace unos días me regalaron un nuevo móvil en precumpleaños que es la polla (con perdón). Tiene cámara de fotos, cámara de vídeo, videoconferencia, dibujitos, tirulitis, navegador gprs, churiburrios por aquí y por allá, te descarga google maps, te reproduce emepetrés, te avisa de tus correos electrónicos, te rehoga las espinacas... bueno... es un cachito de gloria de 95 grs. Después de 72 horas agarrado al manual de instrucciones, hoy por fín he logrado averiguar cómo se cambia el timbre. Y después de 2 horas agarrado al servicio AMENA por fín he logrado averiguar que los operadores no tienen paciencia con las personas de natural cebollino en servicios wav, bluchús y güinguas. Y sé que esta tarde, cuando vengan a verme y a traerme margaritas por lo de la bronconeumonía, cogerán el supermegamóvil y me dirán "¡Heeeeey! ¡ESTO SÍ QUE ES UN TELÉFONO MÓVIL! dime, dime...¡dime todo lo que puedes hacer con esta maravilla!" y yo pondré cara de besugo y responderé: "Pues...ehm...¿llamar?" |








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