Hace unos días me dijo: "He encontrado en el campo un polluelo que se ha debido de caer de un nido. Me ha dado lástima y me lo he traído a casa, pero mi novia tiene alergia a los pájaros y no sé qué puedo hacer con él. No sabe volar y si lo devuelvo al bosque no tardará en matarlo algún animal." Claro... yo tengo gatos, peces, perro y hamster. A mí no se me puede decir eso y pretender que despache el asunto con un "oh-vaya-fíjate". Por el contrario, pensé en la diminuta, dulce y tierna bolita de plumas amarillas con ojos de bambie, diciendo pio-pio...ariel...socorro... metidito en una caja de zapatos, mientras yo le alimentaba con sopitas de leche y cuchicuchis. E incluso imaginé que luego, cuando ya fuera mayor, le dejaría salir volando para que formara una familia. Y cada primavera, volvería a visitarme y se posaría en mi hombro gorjeando alegremente con su pajarita y sus pajarititos, al más puro estilo Blancanieves-se-despierta. Y nada... pues eso. Que ahora que ya lo tengo en casa, y no adivinando de qué especie se trata, se me ha ocurrido haceros una descripción así en plan general, para ver si alguno podéis sacarme de dudas y darme algún consejo para su cuidado.
Veamos... 1. En realidad, no es una bolita amarilla, sino un pedazo de bolón gris caca. 2. Tampoco hace "pio pio ariel socorro", sino "CRAUJ-CRAUJ tematarémientrasduermes". 3. No come sopitas de leche, sino lonchas de jamón y salchichas de frankfurt (aunque comienza a mirarme la oreja con brillos de ansia). 4. No duerme en una cajita de zapatos, sino en una de jabón lagarto, con un barreño vuelto encima para que no salte y mate al perro. Y no sé qué más puedo deciros, salvo que Nepomuk-Blancanieves cualquier día de estos se despertará y habrá sido devorado de tetillas para abajo por un monstruoso engendro con garras de pterodáctilo, que dominará el mundo a golpe de CRAUJ-CRAUJ.
Pues estos son los superbuenos de la patrulla X (de Xavier) que se pegan otra vez con los supermalos de la patrulla G (de Gandalfmagneto), que ahora ya no son tres pringaos como antes, porque han logrado reunir a mogollón de macarras guarros, con piercings y tatoos para dar mucho miedo "uh-uh-que voy" a los buñuelochicos de Xavi, que son mucho más guapos, limpios y educados y no dicen "quita-hostias", sino "no intentes detenerme Billy Joe". Y es que, en realidad, los macarras no quieren hacer daño a los buñuelochicos, sino que dejen de estorbar, porque cada vez que les apetece a los pobricos ir a zurrar a la raza humana, siempre tienen que estar los otros enmedio haciendo monerías con el traje de plexiglás arriba y abajo (que les sienta genial de la muerte, por cierto, y no como a un servidor, que parecería un burmarflash de cola).
Pero cuidadín ¿eh? que aunque parezca más de lo mismo, en realidad lo es. Con ligeras salvedades, eso sí. Por ejemplo, me quitan a mi héroe favorito, Rondador Nocturno (el bicho azul ese que hacía flops en Cuenca y reflops en Santurce) y me lo sustituyen por un rubio panoli con alitas de gavilán pollero. Y que sí, que vale que tener un angelote siempre viste mucho, pero coño...cuando llega la hora de enfrentarse a los malos, ya me diréis de qué puñetas te sirve un tio que hace volatines en el aire. Como no les escupa o les mee desde una rama...
Y en esas están todos dándose de hostiones por aquí y por allá cuando el director dice "pues esta va a ser la última parte porque ya tengo al lobezno cansado de hacer aghfs-ñggg-ufs con tanta regeneración" y entonces va y se carga a la mitad de la plantilla. Que ni uno en pie deja ¿eh? y aunque lo de desintegrar a Cíclope queda divertido y se agradece y tal, eso de convertir al profesor Xavi en arenisca de Toledo es pasarse un pelín (con lo buen muchacho que era...). Y eso por no hablar del pobre Gandalfmagneto que me lo degrada en un pispás, de malo de la muerte a abuelito raso, con gorrita de cuadros y todo.
Lo mejor: la velocidad de churrups en la cocacola del rata cada vez que salía Mística. Lo peor: Que Cíclope no sufra en la desintegración.
Yo tenía que cortarme el pelo para poder recuperar la autonomía de los ojos. Por eso he dicho -Vengo a cortarme el pelo. Sólo cortarme el pelo. Tengo pelo y quiero que me lo corten. Sólo eso.- Pero claro... para "sólo eso" tenía que haber ido a una de esas peluquerías donde dos octogenarios te esperan con una navaja barbera debajo de un anuncio de Floid. Peluquerías con solera donde no existe lo de "¿te pongo un frisbarabús para limpiar bien los poros?", ni tu cara de imbécil al descubrir que la cabeza tiene poros. Y eso que al fin y al cabo, lo del frisbarabús lo he toreado bien con mi "ya me he puesto los cuatro de hoy" pero lo de darme un masaje capilar... a mí, A MÍ, que tengo mis 56 zonas erógenas concentradas en el cuero cabelludo... ¿Cómo demonios iba a torear eso? ¿levantándome con el jabón por las orejas al grito de ¡APARTA LAS MANOS BELCEBÚ!? Pues más bien no. Y todavía podía haberme acogido a la quinta enmienda "en previsión de escándalos públicos, no irás nunca a la peluquería con pantalón de chándal" pero obviamente, para el que se termina de vestir en el ascensor, difícilmente existe la quinta enmienda. Así que nada. Otra peluquería a la que no puedo volver y otras cuatro personas que tendrán hoy algo mejor que fútbol, para contar en el trabajo.
Tomen nota. Además de los orgamos múltiples, la mala hostia y la ausencia de testosterona, existe otra nueva razón para creer firmemente que las mujeres terminarán dominando el mundo: a ellas hay que preguntarles para saberlo.
Bueno, pues no grabamos el podcast pero a cambio vimos Ávila.
Nos empapamos de Santa Teresa para los próximos veinte años. Vimos su iglesia, su lugar de nacimiento, su convento, sus cartas, su museo, su yemas, su cuarto, sus manuscritos, sus poemas, su hábito, su… bueno, para ahorrar tiempo digamos que en conjunto, toda Ávila es como una Santa Teresa enorme, pero con muralla. También nos enteramos un poco de su vida y milagros, aunque en realidad lo suyo más que milagros, eran visiones. Pero no visiones espeluznantes como las que tengo yo los lunes por la mañana en el espejo, no... ella veía angelotes que le clavaban flechas en el corazón (qué majetes), jesusitos de mi vida que la llamaban por los pasillos del convento y Jesuses con barbas que se ponían a sangrar atados a una columna en plan "susto de la muerte". Y aunque en principio dijimos oh-ah y pusimos cara de "comoesposible", luego echamos un vistazo a su celda y comprendimos la lógica aplastante de la realidad. De hecho, yo mismo, si me hubiera pasado doce años de mi vida durmiendo a 20º bajo cero, encima de un cacho piedro, comiendo patatas con patatas, y con un madero por almohada, a estas alturas ya se me habría aparecido veinte veces el mismísimo San Pancracio cantando "Like I Virgin" y ahora sería como un niño de Fátima, pero en rubicundo.
A veces me gustaría mucho-muchísimo ser una de esas personas que saben hablar.
No, no es que a estas alturas yo me comunique con un pizarrín, no... me refiero a hablar bien. Hablar limpito como esos niños monos que las tias enseñan a las visitas para gloria de la familia.
Y es que antes de empezar el podcast Jim me había dicho "no sueltes tacos que hay niños y duendecillas...", pero llamaron a la puerta y se nos reventó la grabación, y claro, lo que yo quería era levantarme grácilmente y decir "uy...una criatura desconocida está golpeando nuestra puerta ¡sopla! ¡que intromisión más desconcertante!". De verdad, lo juro. Eso era lo que quería decir. Incluso a pesar de que al final lo que se grabara fuera: "la puerta-hostia puta-joder-mierda ¡plonc-patlonc! (patada a la silla)".
Lo reconozco. Mea culpa. Si las bocas se lavaran con jabón después de cada taco, el blanco de mis dientes podría distinguirse en el meteosat.
Así que nada. Entre que he decidido ser un gentlemen como Jim, de los que dicen ¡sopla! ¡cáspita! y ¡caracoles!, (obviando, por supuesto, el día del incidente del choconova) y que mi jefe acaba de reñirme severamente porque el ...oño...oño...oño de mi última frase intelectual todavía resuena por las paredes de la sala de juntas, he decidido que a partir de ahora, defeco en la sagrada forma, no volverá a salir ni un sólo taco de mi mujer de vida disoluta boca. Y que por mucho que me toquen la órgano de micción masculino, no dejaré que eso influya en mi hombre que ha sido objeto de fornicación lenguaje. ¡Vulva ya!
Eso sí. Voy a tardar un gonada masculina de secreción interna en contar las cosas...
Que dice mi amigo Po que, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos habidos en nuestra casa (lease: gato que se carga el canal plus, ortinorrinco de pascua fallido, nevera que hace croñecrajs y se torna microondas, margaritas que se pochan, Jim que hace croñecrajs y se torna ciático, etc.) está más que claro que tenemos un serio problema de energías hogareñas revueltas. O dicho de otra forma, una seria necesidad de Feng Shui en nuestro entorno. Y aunque Po haya nacido en Moratalaz como sus otros doscientos mil hermanos, bien es cierto que, eso de que tus padres tengan un restaurante chino, tiene que darte algo de sabiduría oriental (amén de unos calendarios superhorteras para el salón), así que nada... como si se tratase de una receta de pollo al ajillo, me ha pasado en un papelito unos cuantos consejos para conseguir que las energías negativas de la casa se transformen en bienestar zen. Y son:
ESTRELLA DEL SUDESTE: Colocar en el pasillo un móvil de metal de seis tubos. (Cuatro pterodáctilos plastiqueros de los cereales, colgados de un hilo. No hacen tlinqui-tlinc como los metálicos, pero doy por supuesto que el tup-tup valdrá igual.) ESTRELLA HOSTIL: Poner en el salón un Buda feliz con túnica roja. (Aquí le colocamos a Jim la camiseta de bola de dragón y dejamos de reñirle por los cuatro paquetes de donettes crunchis al día. En un par de semanas, no habrá nadie más buda y más feliz.) ESTRELLA CINCO AMARILLO: Desocupar las habitaciones de la zona oeste. (Bueno...pues considerando que viviremos en el wc una temporada, que no se me olvide llevarme los donettes crunchis.) ESTRELLA WU WANG: Hacer sonar la campana tibetana de los cinco metales dos veces al día. (Salir del wc por la mañana y por la noche, para tocar el timbre de la puerta de los vecinos. El nuestro se descarta, por sonar como la nariz ñge-ñge de un jubilado.) ESTRELLA VIOLENTA: Dejar en un rincón, un rinoceronte de doble cuerno, hecho en resina o piedra. (Jodó... vale... robarle a Jim una tortuga ninja de su cajón "aquí no mires que sólo hay facturas".)
Hala. Solucionado. Ya soy un chico feng shui. Ahora sólo queda esperar a que las energías del microcosmos vengan a mí.
La juventud de hoy está corrompida hasta el corazón. La juventud de hoy es mala y atea. Y están hechos de la piel de Barrabás. Que ya nos lo dicen por la tele alto y claro: se dedican a darse palizas unos a otros, a grabar sus hostiones en vídeo y distribuirlo entre ellos con sus móviles multimedia y esa peste de Internet. Se entretienen torturando a los mendigos, prendiéndoles fuego en holocausto a su dios SMS. Y empujan a sus pobres compañeros de clase al suicidio confabulados desde sus odiosos messengers.
La juventud de hoy es perezosa. Que se les vé el plumero. "En Francia luchan por sus derechos... y aquí de botellón". Son tan indolentes y farrulleros que requieren una horda de policias que les registren los bolsillos en los parques y puertas de colegios. Porque cuando son menores no les enchironamos, pero la multa de 300 euros por porreros no se la quita ni Harry Potter.
La juventud de hoy jamás será lo que la juventud ha de ser. Que les importan un pimiento los Grandes Temas, ocupados como están ensuciando con spray de colorines las paredes, o perforándose el ombligo mientras resuelven un sudoku.
La juventud de hoy no será capaz de preservar nuestra cultura. Están demasiado infestados por los videojuegos e Internet (dónde todo el mundo sabe que sólo podrán encontrar pornografía y narcotrafico o, peor aún, descargar canciones con copyright sin pagar un céntimo por ello).
Pero todo esto la juventud de hoy, ¿eh?. Y sólo la de hoy. Porque la de antes no era así. La de antes se iba con una monja de excursión a la montaña donde cantaban bonitas canciones basadas en palabras que empiezan como las notas musicales. Ay no. Calla. Que en realidad esa juventud estaba corrompida por la música rock que les transformaba en "adoradores del diablo" (1956). Buf, y la de 1954 tampoco se salvaba, que a sus miembros los comics "les convertirían inexorablemente en delincuentes juveniles". Ni la de 1926, porque el teléfono "les volvía totalmente perezosos". Ni la de 1909, porque el cine les iba a empujar a llevar "vidas disolutas". Ni la de 1816, porque según el Times de Londres se entregaban al "obsceno y contagioso" éxito del waltz, un "indecente baile extranjero"...
"La juventud de hoy está corrompida hasta el corazón, es mala, atea y perezosa. Jamás será lo que la juventud ha de ser, ni será capaz de preservar nuestra cultura."
(Inscripción grabada en una tablilla babilónica del siglo XI antes de Cristo)
En un departamento de ocho hombres y una mujer, alguien trajo un calendario ilustrado con desnudos femeninos y lo plantificó en la pared. "Son desnudos artísticos" dijo. Yo miré el Junio de Yola Berrocal. Dije "¿artísticos?" y él me sacó de allí con un par de empujones "¡pues claro, coño! ¿no ves que están en sepia?". La mujer se ofendió más que mucho, y además visiblemente. Pero en lugar de utilizar la estrategia masculina del "ataca más fuerte" decidió optar por la femenina del "ataca dónde duele", y se fué directa a chivarse y quejarse al Jefe de Grupo. "Me siento ofendida como mujer, teniendo que ver eso todos los días." El Jefe zurró la badana a los ocho empleados. "Quitad eso de ahí y tengamos la fiesta en paz." Los ocho hombres se cabrearon mucho con la única mujer. Quitaron los doce pares de tetas "artísticas" y retiraron la palabra a su compañera. La excluyeron por completo de todo tipo de relación escrita y/o hablada, y ahora se turnan para hacerle la vida imposible en un moobing sincopado.
Ahora la mujer camina entre la depresión y la reivindicación. Aprieta un pañuelito entre las manos y me dice "Voy a ir a los sindicatos. Llevaré mi queja a lo más alto. Y si nadie me hace caso, me encadenaré a la fotocopiadora. Hay mucha gente de otros departamentos que van a apoyarme. No cederé ni un ápice ante un delinto tan flagrante de sexismo machista.
Y yo le paso otro pañuelito, intentando poner cara de "¡por la lucha, compañera!", porque, independientemente de que los labios de salchicha de Yola Berrocal ofendan la sensibilidad de cualquiera por muy sepia que vayan, lo cierto es que si al final los unos y los otros siguen dando importancia a lo no importante, y toca reivindicar atándose a algún trasto con un cartelito en los dientes, servidor piensa lanzarse en plancha a la máquina de Repostería Martínez que hay en la 2ª.
Todo luchador sindicalista que se precie, sabe que las protestas son más efectivas cuando se sobrellevan con vulcanitos de fresa y chococañas.