Crónicas del huevo
| Cuando era niño, vi una película en la televisión en la que un grupo de gente de mar se enfrentaba al peligro de un inminente maremoto producido por la explosión del volcán Krakatoa. El padre -y capitán de barco- trataba de convencer al hijo -y héroe enamorado- de la conveniencia de buscar refugio en tierra firme. Pero el joven defendía a ultranza la idea de quedarse en alta mar. - ¡Cuando llegue el tsunami, el barco será como un palillo! - gritaba uno. - ¡Pero un palillo flota! - contestaba el otro. Desde entonces, muchas veces, mi vida ha sido exactamente eso, un palillo en el ojo de la tormenta. Pero después de la tempestad, llega la calma. (...) Enciendo la luz interior. Estoy dentro del huevo. floto en menos de un palmo de agua. Aquí se está de vicio. Pero pienso en el aspecto que debo tener y me da risa, así que apago la luz. No peso. Floto en silencio. A oscuras. Imagino que la noche anterior ha caído un meteorito y los muertos del Panteón de Ilustres han vuelto a la vida y van de un lado a otro devorando a los vivos. La ciudad está en caos. Uno de ellos incluso ha entrado en el salón de yoga atraído por esa infame músiquilla New Age. En este momento, los muertos podrían estar rodeando mi huevo de flotación deseando abrirlo como quien pela una ostra. Pero me importa tres mierdas. Una, dos y tres. Estoy demasiado lejos para que me pillen los zombies. Como un niño leyendo bajo las sábanas con una linterna. A salvo. Y flotando. (...) - Bueno... ¿Qué tal todo? - Ah, muy bien... Oye: ¿Siempre se experimentan esas visiones eróticas tan realistas y subidas de tono? - ¿Cómo? ¿Qué visiones? - Ehm... nada, nada. (...) Con veinte minutos de preparación y una hora de aislamiento sensorial puedes conseguir una relajación plena. Pero si no te interesa la paz interior y prefieres un rollito adrenalínico como quien hace puenting, con sólo doce nanosegundos posteriores de Nepocharla consigues contrarrestar el efecto del tanque mejor que con una montaña rusa. Comprobado. - ...Dormir ahí dentro debe ser una auténtica gozada. Así serán las camas del futuro. - ¿Y no podemos tener un tanque propio? - pregunta Nepomuk. - Hombre... pues con los 400 kilos de sal, los 800 litros de agua y lo que pesa el artilugio en sí, seguro que se hunde el suelo y vamos a parar al piso de abajo con huevo y todo. Vamos, tipo la Guerra de los Mundos, sólo que al abrirse la portezuela y salir chorreando entre el humo y los cascotes, en pelotas, con el gorro de goma y las gafas de nadar, iríamos diciendo "¿Pero qué c***nes ha pasado?", en lugar de "Venimos en son de paz". (...) (¿Tal vez no sabes de qué estoy hablando? Pues, aquí se explica lo que es un tanque de flotación. El otro día estuve en uno. Y ésta es la crónica.) |








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