El hombre boya
| Que dice Jim que está muy estresado porque esta ha sido una semana terrible para él. Que las clases de catecismo le ocupan demasiado tiempo, que no logra dormir desde lo del cierre de los blockbuster y que tampoco quiere bajar su frenético ritmo de participación en los comments de este blog, así que...ha decidido darse un lujo de relax para el cuerpo y este sábado se ha apuntado a una sesión de una hora en una cabina de flotación de un centro de tai-yoga. Yo también me había apuntado en un principio, porque pensé que era algo así como una habitación antigravedad en la que te soltaban para que hicieras volatines en plan Apollo XIII, pero no. Es una simple cabina llena de agua donde te dejan metido cual merluza y yo debería ver menos televisión. Bueno, pues eso. Que si os apetece probarlo, la cosa consiste en encerrarte en una cabina redonda, a oscuras, en silencio absoluto y flotando en agua mezclada con 400 kilos de sal, durante una hora, para que adquieras una nueva percepción de tu cuerpo y de tu mente, y entres en otra dimensión de ti mismo. Y yo sé que os preguntaréis -¿pero no podemos ahogarnos como panolis si nos quedamos dormidos con el chipli-chipli?- pues no ángeles míos, noooooooo… por que he dicho 400 kilos. 400. Vamos… que por poco que te aúpes, sales de allí caminando sobre las aguas como Jesucristo. Por mi parte y aprovechando que se ha fundido la bombilla del baño, pienso probarlo mañana en la bañera. Lo de encontrar una nueva dimensión de mí mismo me tienta terriblemente. Sobre todo porque del ombligo p’acá me conozco bien, pero del ombligo p’allá soy un absoluto misterio. Así que, hala… me voy al supe a comprar 400 paquetes de dinsal. |








<< Home, sweet Home