Oh, dulce primavera...
| Desde hace varios días me despierta un pajarito (presumiblemente un mirlo) desde el tejado de la casa de enfrente, cantando dulcemente firulufifi-firulufifi y llenando las horas del amanecer con sus trinos y gorjeos, de forma que talmente pareciera estar durmiendo en el altillo de Heidi y que en cualquier momento viniera Pedro a recogerme las cabritas. Por influencia del "dulce pajarillo que nos cantaba al albor" nos hemos vuelto buenos, poéticos y sensibles, y Jim aboga por que le pongamos algún nombre a nuestro pequeño amigo, ya que la nostalgia nos invade con el recuerdo de mis dos pequeños periquitos caníbales que se piraron un buen día de primavera, ebrios de vida y libertad (y más despeluchaos que un escobillón de wáter, después de las ocho vueltas de campana que dió la jaula cuando se me cayó de estas manitas que bien podría comerse un cerdo). En principio dudábamos entre Caruso, Pavarotti o Piolín, pero habiendo transcurrido ya ocho días de despertar firulufifi, barajamos otras opciones como Bichoasqueroso o Pásameunzapato. Ah...¡Qué hermosa es la primavera y que extraño bienestar entrama el canto de los pájaros! Es más... no vemos el momento de que vuelvan a dar las seis de la madrugada para que el pequeño Caruso Bichoasqueroso vuelva a alegrarnos el amanecer con su alegre trinar. Es como si nos levantáramos... no sé... ¡como más llenos de vida!. Incluso hasta el punto que hemos decidido perder alguna horita de sueño, para la práctica de algún tipo de ejercicio matutino que celebre tan hermosa comunión del cuerpo con la naturaleza. Ya saben... estiramientos... flexiones... tiro con arco... |








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